18 Marzo 2018 – Tus actitudes y emociones tienen una poderosa influencia sobre tu juego. Si aprendes a controlarlas, puedes hacer que trabajen a tu favor, porque si no, ellas te gobernarán y tus resultados serán, con frecuencia, un desastre. Empecemos por describir cierto número de actitudes y emociones que a casi todo golfista le habrá costado unos cuantos golpes en uno u otro momento. Y pese a que es improbable eliminarlas por completo, estaría bien aprender a dominarlas. Cuanto mejor controles tus actitudes y emociones, mejor será tu juego y cargarás con una tarjeta menos abultada en el campo.
¿Qué pasa si guardas demasiadas aspiraciones? Bueno, si pegas un buen drive en el primer hoyo, esperarás hacer lo mismo en el segundo. Si llevas unos buenos primeros 9 hoyos, esperarás mantener la misma línea en los segundos. Si anotas un buen resultado en el campo, te creerás capaz de conseguir la misma tarjeta siempre que juegues en él. ¡Pero el golf no es así! Los mejores jugadores del mundo anotan vueltas por debajo de 65 un día y otra de 70 y muchos al siguiente día en el mismo recorrido. Y cuando las cosas no salen como esperábamos, la mayoría de nosotros nos enfadamos, nos frustramos, nos olvidamos de lo que hemos preparado en los entrenamientos, cambiamos nuestra rutina pregolpe y actuamos de manera irracional.
¿Tienes claro este problema? Para evitar expectativas poco realistas, reconoce ahora mismo que algunas de tus vueltas de golf de tus próximos partidos serán buenas y otras malas, que pegaras algunos golpes buenos y otros malos, y que tendrás algunos días buenos y otros no tanto. Por ejemplo, sabiendo que haces un promedio de 10 golpes malos por vuelta, ¿por qué asustarse cuando haces uno? Si adoptas esta actitud en todos los aspectos del juego, descubrirás que el golf es una experiencia mucho más divertida.
Seguimos con el tema del miedo. Una gran mayoría de handicaps medios y altos temen quedar mal delante de otros jugadores. Les preocupa fallar el primer golpe desde el tee, salvar un golpe por encima del agua en un par 3 cuando hay uno o dos grupos esperando o sacar la bola fuera del búnker hacia el green del 18 delante de la casa-club. El miedo no surge por temor a fallar un golpe, sino por el qué dirán o por parecer un tonto. Quizá estos no se acaban de creer que no sólo ellos, sino cada golfista del mundo ha pasado por la experiencia de pegar un mal golpe delante del público. Por lo tanto, no es tan grave.
Para ser el mejor jugador que puedas ser, combina
tu talento físico con un pensamiento inteligente
En efecto, si preguntáramos a cualquiera de los grandes nombres que figuran en los alto del ránking mundial (Dustin Johnson, Jon Rahm, Jason Day, Jordan Spieth, Tiger Woods, Phil Mickelson, Sergio García…), todos nos recordarían algún golpe increíblemente malo que han dado delante del público a lo largo de su carrera deportiva, incluso jugando en torneos importantes. Y eso que son de los mejores jugadores del mundo. De modo que si estás preocupado por la imagen que puedas dar, háblate a ti mismo para relajarte pensando: “También le pasa los mejores”. Si practicas estrategias como ésta, te reforzarás en confianza y concentración.
Por otra parte, recordemos cuando éramos jóvenes y nuestros padres siempre nos animaban hacer las cosas mejor. Nos educaron pensando que el éxito a menudo está en esforzarse un poquito más. Que no nos sorprenda, por tanto, que si un golpe es verdaderamente importante, la mayoría de los golfistas intente poner más empeño en él. Sin embargo, en golf eso no puede ser una equivocación.
Existen dos problemas con la obsesión de esforzarse más en un campo de golf. El primero está en que si intentamos aumentar nuestro esfuerzo, podemos estar creando una presión añadida que nos conduzca a este temido trastorno del golfista: la tensión. Cuanto más lo intentas, más tenso te pones y peores son tus resultados. El segundo inconveniente del esforzarse más es que ésa no es la manera en que estás acostumbrado a practicar el golf. En el driving range sueles estar relajado y pegas los golpes con un movimiento fácil, suave y fluido.
En el swing mueves el palo rítmicamente, sin forzar, y cuando mejor juegas es cuando realizas los golpes de la forma que los has practicado. Si de pronto intentas pegar más duro o intensificar partes del swing en el campo, estás modificando tu cuerpo y tu mente respecto a su estado mientras te entrenas. Y generalmente estás cambiando la calidad de tus golpes a peor. Si esforzarte demasiado es tu problema, utiliza el autohabla para contrarrestarlo, diciéndote por ejemplo: “Deja que el palo haga el trabajo por ti”, “pon un buen swing como en el campo de prácticas”, “que pase lo que tenga que pasar”… Te sorprenderás de cómo esto tan sencillo, te puede ayudar a realizar los golpes clave con éxito.
Fotos: ©LET
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