31 Enero 2021 – El psicólogo deportivo de la RFEG Óscar del Río se dirige fundamentalmente a los más jóvenes componentes de la cantera del golf español para resaltar las claves que rigen la longevidad deportiva, que cuenta con uno de los mayores exponentes en el incombustible y exitoso Miguel Ángel Jiménez.
La forma de vivir, de sentir y de interpretar la competición son los factores más importantes desde el punto de vista psicológico para conseguir una larga carrera deportiva, teniendo en cuenta que las líneas maestras expresadas a continuación son también muy útiles para los más mayores.
El golf, un deporte para jóvenes y mayores
Todos vosotros sois muy jóvenes, pero algún día, dentro de mucho tiempo, os haréis mayores, esperamos que disfrutando del golf en todo momento, que es una de las características de este deporte, que permite disfrutar del mismo desde que tienes pocos años hasta que ya eres un auténtico veterano.
Fijémonos en lo que ocurre en el ámbito profesional, tomando como ejemplo a un golfista bien conocido de todos que constituye una magnífica referencia para todos gracias a la desbordante pasión con que ejecuta cada uno de sus golpes a lo largo de su tan extensa como prolífica carrera.
Las grandes referencias de los deportistas de elite
Se trata de Miguel Ángel Jiménez, con más de setecientos torneos en el Circuito Europeo y más de mil torneos disputados a sus espaldas. Estas son algunas de las cifras de la brillante carrera del célebre golfista malagueño.
Fijémonos también en Rafa Nadal, Roger Federer, Alejandro Valverde o Pau Gasol, que están consiguiendo alargar su vida deportiva en la élite mundial. ¿Cuáles son los factores claves para que un deportista se mantenga compitiendo y siendo competitivo durante tantos años?, ¿cómo influyen los factores psicológicos en la longevidad deportiva?
A nadie se le escapa que la condición física es el primer factor que influye en la carrera deportiva de cualquier deportista. Entrenar duramente para estar en las mejores condiciones físicas y a la vez intentar prevenir las lesiones en la medida de lo posible, cuidarse y hábitos de vida saludables, son algunas de las características que tienen en común todos estos deportistas.
Y, en la parte psicológica, también podemos sacar un perfil muy marcado de aquellos deportistas que se mantienen compitiendo en la élite durante muchos años: Lo primero y más importante es que les apasiona su deporte, y por eso disfrutan cada día con lo que hacen, en los entrenamientos y en las competiciones, y son capaces de relativizar las victorias y las derrotas, digiriendo convenientemente los éxitos y los fracasos que se van sucediendo a lo largo de sus carreras deportivas.
Estas características hacen que sufran un menor desgaste mental y emocional, menos estrés y ansiedad competitiva y más disfrute y diversión en su día a día. En contraposición a este perfil, nos encontramos con el modelo coreano del golf femenino, que consiste en entrenar intensamente, casi obsesivamente desde edades muy tempranas, estando sometidas a un nivel de presión muy alto que hace que aquella jugadora que soporta esas cargas de entrenamiento y de presión psicológica consiga llegar a la élite mundial en torno a los 20 años, pero con 25-26 dejan de ser competitivas, están “quemadas” y no les queda otra que retirarse.
Una forma de vivir y sentir la competición
Todos tenemos la imagen de Miguel Ángel Jiménez con su puro y su copa de vino, que no son otra cosa que los símbolos de la satisfacción, el disfrute y la pasión con la que vive Jiménez su golf y su vida.
La forma de vivir, de sentir y de interpretar la competición, los entrenamientos y, en general, el estilo de vida de los deportistas de élite mundial (viajes, horarios, etc.) son los factores claves desde el punto de vista psicológico para conseguir una larga carrera deportiva, ya que van a provocar un mayor o menor desgaste emocional y nivel de estrés en el deportista.
Aquellos que viven su día a día con estrés, con ansiedad e incertidumbre por la próxima competición, o que cada entrenamiento o competición es como una batalla a vida o muerte, un ser o no ser, tienen pocas probabilidades de mantenerse competitivos durante muchos años en la élite.
El ser capaz de disfrutar mientras se está entrenando duramente, de divertirse con los momentos de presión, de relativizar las derrotas y que pese más la satisfacción por haberlo dado todo que la tristeza o la rabia por haber perdido, son factores que alargan la vida deportiva de cualquier deportista, además de que facilitan el rendimiento, ya que el jugador entrenará más y mejor ya que le gusta entrenar y disfruta realizando esa actividad, y no solo lo hace porque es su trabajo y su obligación.
Por todo esto, al igual que los deportistas se cuidan físicamente, cada vez son más los que también se cuidan y entrenan mentalmente, ya no solo para afrontar la presión de la competición o potenciar su capacidad de concentración, sino también para conseguir mantenerse el mayor número de años compitiendo y disfrutando de su actividad deportiva y de su vida.
4 Julio 2020 – Una de las muchas ventajas de nuestro deporte es que se puede disfrutar y ser igual de competitivo con 20, 40 ó 60 años, porque el golf no es una cuestión de edad, sino de actitud. Veamos algunas claves para seguir disfrutando y seguir siendo igual de competitivo independientemente de la edad.
Los buenos competidores son aquellos que saben sacar el máximo rendimiento a las armas y recursos con los que cuentan en cada momento. Por tanto, para ser competitivo lo primero que hay que hacer es conocerse, saber qué armas tenemos en nuestro arsenal para hacer frente a los retos de la competición.
Evidentemente, las habilidades y las cualidades con las que cuenta un jugador son diferentes dependiendo de los años de práctica, de la experiencia competitiva y, por supuesto, de la edad, pero la primera clave para mantenerse competitivo, independientemente de la edad que tengamos, es conocer nuestros recursos, nuestros puntos fuertes y también los débiles y saber hacer uso de ellos en el campo para maximizar el rendimiento y hacer los menos golpes posibles.
Este principio quizá nos lleve a realizar adaptaciones en nuestro material de juego, por ejemplo: varillas más flexibles, pero también ir adaptando el estilo de juego a las cualidades que tenemos en este momento para seguir haciendo los menos golpes posibles.
En el caso de los seniors, y a pesar de la evolución de las bolas y de los materiales, lo más normal es que paulatinamente vayamos perdiendo distancia con el driver o que necesitemos usar un palo más para hacer la misma distancia. No es raro, que cueste aceptar esta pérdida de distancia, pero lo que realmente limita nuestra capacidad competitiva no es la pérdida de distancia, sino la frustración por no pegarle igual de fuerte que años atrás.
El jugador competitivo y resolutivo, en vez de lamentarse por la distancia perdida, analiza qué puede hacer o qué recurso necesita potenciar para compensar la pérdida de distancia. Y cada jugador debe de encontrar sus respuestas: para unos será adaptar su estrategia, para otros intentar mejorar de 50 metros para abajo. Gana el que menos golpes hace, no el que más fuerte le pega.
Por otro lado, la confianza y la concentración también marcan la diferencia entre los buenos y malos competidores. La capacidad para mantenerse concentrado durante 40-50 segundos sin distracciones, no es algo que se vea limitado con la edad.
Para mantenerse concentrado durante periodos más largos, sí que puede verse afectado. Por ello, lo que debemos hacer es desconectar entre golpe y golpe para volver a concentrarnos un poco antes de nuestro turno de juego. Así nuestra concentración será óptima durante los 18 hoyos.
Por último, para mantener la confianza a un buen nivel, lo que debemos de vigilar son nuestros autodiálogos y nuestra rutina post-golpe. Si después de cada golpe se lamenta de que hace 20 metros menos con el driver o que antes jugaba un hierro 8 donde ahora tiene que jugar un 6, está limando poco a poco su confianza.
Por el contrario, si después de cada golpe, aunque no haya sido perfecto, es capaz de decirse mentalmente lo que ha hecho bien, estará alimentando su confianza, siendo consciente de sus cualidades y no sólo de sus limitaciones. Y cuando falle el golpe y no haya nada bueno que decirse, será cuando más necesite animarse y apoyarse en vez de criticarse o lamentarse por los errores.
Si lo consigue, su actitud competitiva será la misma de siempre y, lo más importante, podrá seguir disfrutando del reto del golf independientemente de su edad, de su hándicap y de su pegada, porque el golf es una cuestión de actitud.
17 Mayo 2020 – Colocamos la bola en el tee de salida y nos disponemos a dar un buen golpe con el driver. Situamos la bola en calle, caminamos hacia ella y nos preparamos para repetir la acción, esta vez con un hierro con la intención de llevar la bola hasta el green. Conseguimos el objetivo y sacamos el putter de la bolsa. Nos concentramos y, tras dejar la bola dada, embocamos en el hoyo para anotar el par en la tarjeta.
Esta es la visualización del desarrollo y culminación de un buen hoyo, el objetivo de todos los que juegan al golf. Detrás de estas acciones se encuentra el talento, el empleo de un significativo número de horas de prácticas y la voluntad, la fuerza de voluntad, la que lleva a que esta suma de movimientos se produzca de forma natural.
¿Qué es tener fuerza de voluntad?
Afrontar las diferentes situaciones que van sucediendo en el entrenamiento y en la competición de forma eficiente y positiva, sin arrugarse, sin quejas, afrontando esas situaciones con determinación, siendo capaz y teniendo la calma necesaria para buscar las mejores soluciones a esas situaciones y sin dejar que pensamientos negativos o limitantes invadan la mente.
Capacidad de adaptarse a las situaciones que se van presentando ya sean desfavorables (malos resultados, dificultades, obstáculos, etc.) como situaciones favorables (ir 5 bajo par a falta de 4 hoyos, estar en los puestos de cabeza del torneo, etc.).
Afrontar de forma correcta retos y desafíos: capacidad de ver en cualquier situación del entrenamiento o competición como un reto y desafío, no tanto como un obstáculo, dificultad o “injusticia”, “no me lo merezco”, “mala suerte”.
Capacidad de superar mentalmente situaciones adversas, no dejarse llevar por la comodidad, por lo fácil.
Capacidad de esforzarse sin recompensas o premios inmediatos. Capacidad de seguir luchando y peleando por un objetivo a pesar de que no haya recompensas cercanas a la vista. Ser capaz de esforzarse y trabajar pensando en recompensas a largo plazo, capacidad de demorar el logro de recompensas.
Capacidad para tolerar la frustración, de no conseguir lo que se desea y por lo que se lucha, y afrontar esa frustración de forma eficiente y a modo de revulsivo para seguir entrenando y trabajando.
Capacidad de aceptar las situaciones, ya que son como son y no se pueden cambiar, sin quejas ni excusas, para afrontarlas positivamente y con determinación.
No dejarse llevar ni arrastrar por la comodidad. Esto es lo que hay que hacer bajo presión: no nos sentimos cómodos y debemos de seguir haciendo lo mismo, tener pensamientos y actitud de ir hacia delante en vez de dejar que nos invadan los pensamientos de miedo a que no nos salgan las cosas, saber plantarle cara a la comodidad, a los pensamientos que no nos ayudan a afrontar con determinación las diferentes situaciones que nos van sucediendo.
¿Cómo se entrena la fuerza de voluntad?
Creando situaciones adversas en el entrenamiento o aprovechando las circunstancias como condiciones climáticas, mal estado de los greens, juego lento, etc., donde el jugador tenga que mostrar su capacidad de adaptación a esas circunstancias, donde tenga que “tirar” de su fuerza de voluntad ya que la situación invita a dejarse llevar, a buscar excusas, a no esforzarse, etc.
En estas situaciones adversas es donde se ve la fortaleza mental de un jugador, si sucumbe a las primeras dificultades o, por el contrario, es capaz de afrontar con determinación esas situaciones, que asimismo pueden ser situaciones de buen resultado en los últimos hoyos, de soportar correctamente la presión. Se trata de trabajar una actitud de determinación y “empuje” en cualquier situación, sea buena o mala, y que esta actitud se convierta en un hábito.
Que no sean las circunstancias las que determinen la actitud del jugador, sino que la actitud del jugador sea la misma en las buenas y malas, es decir, que sea su actitud habitual (hábito).
Creando situaciones adversas en el entrenamiento
Estas situaciones del entrenamiento adversas y complicadas pueden venir generadas por:
Condiciones climáticas (jugar a las 8 de la mañana con frío, por ejemplo).
Nivel de exigencia en cuanto a resultados a conseguir con consecuencias “desagradables o incómodas” para los jugadores. Por ejemplo: Rueda desde X distancia, hay que embocar X bolas. Si no se hace, consecuencia negativa como arreglar 10 piques del green de approach, rastrillar bunker, recoger material, etc. Y siempre sin queja y afrontando con determinación la no consecución del reto y sus consecuencias.
Por intensidad del entrenamiento: someter al jugador a un entrenamiento intenso, afrontándolo de forma positiva, sin quejas, sino todo lo contrario.
Evidentemente, hay que ver la frecuencia, el momento y la intensidad de las situaciones desfavorables a las que se enfrentan los jugadores.
La clave del éxito del entrenamiento
Fundamental: que los jugadores/as comprendan el sentido del entrenamiento, las ganancias que les va a reportar el afrontar estas situaciones de esa forma (fortalecimiento del carácter, ser fuerte mentalmente dentro y fuera de la competición, mayor capacidad de trabajo y de soportar entrenamientos exigentes, todo ello básico para alcanzar el alto rendimiento), los motivos del por qué se les somete a este entrenamiento.
Si los jugadores afrontan esas situaciones pensando que no tiene ningún sentido jugar a las 8 de la mañana con frío, que se les obliga a jugar a esa hora para “fastidiarles” o cosas similares, evidentemente la forma en la que van a afrontar esas situaciones va a ser negativa, de abandono e incluso de mala gana.
El problema es que este tipo de actitudes se convierta en un hábito muy fácilmente y acabe generalizándose a cualquier tipo de dificultad, por pequeña que sea, ya que no están acostumbrados a enfrentarse de forma óptima a los problemas y situaciones.
Jugar a las 8 de la mañana con frío y ser fuerte mentalmente es afrontar esa situación y no dejar que te gane mentalmente: llevando la ropa óptima y todo lo necesario para afrontar la situación y sentir el reto de hacer los menos golpes posibles en esa situación complicada.
Que la recompensa sea “simplemente” ser cada vez más fuerte y mejor mentalmente. Demostrarse a uno mismo que se tiene carácter, que no se arruga a las primeras de cambio y que la situación no le ha vencido, ni se ha quejado del frío ni una sola vez. Simplemente ha afrontado la situación de la mejor manera posible.
“Tienen demasiadas facilidades, se lo ponemos demasiado fácil todo y no valoran nada”, es uno de los comentarios que solemos hacer algunas de las personas que estamos alrededor de los jugadores y con la que estoy 100% de acuerdo. La facilidad para conseguir cosas, sin ningún tipo de esfuerzo o acción, no hace fuerte mentalmente a nadie.
Habilidades psicológicas implicadas
En el entrenamiento de la fuerza de voluntad – ser fuerte mentalmente – existen una serie de habilidades psicológicas implicadas sobre las que hay que trabajar para que los resultados sean los que se persiguen.
Motivación: “querer ser fuerte mentalmente” = motivación interna.
Entrenamiento en “autodiálogos” de fuerza de voluntad: la tendencia natural de la mente es a buscar la comodidad y lo fácil, es una gran profesional en buscar excusas de todo tipo para acomodarse y no esforzarse. Por eso hay que saber enfrentarse mentalmente a las excusas y a la comodidad, generar pensamientos que generen emociones de determinación y que se impongan a los pensamientos de excusas, de comodidad, pensamientos débiles.
Capacidad de concentrarse en la tarea, en la acción y no en las dificultades de la situación.
10 Mayo 2020 – Es época de confinamiento. Nos tenemos que conformar con tirar putts en una alfombra o, en el mejor de los casos, tirar bolas hacía una red en la que apenas podemos intuir su vuelo. No hay resultados, ni buenos ni malos, ni subidas ni bajadas de hándicap.
Esta situación, tan desagradable y de ciencia ficción, provoca que sea un buen momento para entrenar habilidades psicológicascomo la respiración o la meditación, que tenemos abandonadas debido a la urgencia por encontrar esa sensación o truco que nos ayude en la partida del fin de semana. Veamos cómo puede ayudarle la respiración a mejorar sus resultados.
Beneficios y utilidades
A nadie se le escapa que la primera utilidad de la respiración es controlar los nervios de la competición, consiguiendo que jueguen a nuestro favor. Cuando conseguimos estar en el “nivel óptimo de nervios”, el binomio cuerpo-mente está preparado al cien por cien para rendir.
Sin embargo, si el nivel de nervios supera el nivel óptimo, entonces jugarán en nuestra contra. Es en este momento cuando la respiración entra en acción, ayudándonos a bajar ese nivel de nervios y situarlo en el nivel óptimo.
Las típicas situaciones en las que suelen aparecer los nervios son en el tee del 1, en los primeros hoyos o en los últimos hoyos, cuando llevamos un buen resultado, es decir, en los momentos de presión, que son los que marcan la diferencia entre los buenos jugadores y los campeones.
La respiración también nos va a ser muy útil para recuperar la calma mental y física cuando la perdemos después de un error y nos invade la rabia y la frustración.
Respiración diafragmática vs pectoral
Cuando sentimos la presión, el organismo demanda una mayor cantidad de oxígeno, pero a menudo lo que hacemos para tomar más aire es realizar respiraciones cortas y superficiales con la parte superior de los pulmones, elevando todo lo que podemos los hombros. Este tipo de respiración se denomina pectoral, pero no es la mejor forma de respirar para conseguir nuestro propósito de relajarlos o volver a la calma.
La respiración diafragmática consiste en respirar con la parte inferior de los pulmones que, al llenarse, empujan al diafragma hacia abajo y hace que se hinche el abdomen. Este tipo de respiración facilita la relajación y oxigenación de nuestro organismo, tanto de los músculos como de las neuronas.
Éstas últimas son las encargadas de aportarnos la claridad mental imprescindible bajopresión para ver los golpes, las caídas y tomar buenas decisiones.
Aprendizaje en 4 pasos y entrenamiento
Aprender a respirar con el diafragma es muy sencillo. Solo tiene que seguir estos 4 pasos y, eso sí, deberá de dedicar 5-10 minutos diarios durante un par de semanas. Estos pasos los puede encontrar en muchos tutoriales de Youtube dedicados a aprender a respirar diafragmáticamente.
Paso 1: Tumbado boca arriba sobre una alfombra o colchoneta. Doble las rodillas y separe los pies unos 20 centímetros. Coloque una mano sobre el abdomen y otra sobre el tórax.
Paso 2: En esta posición dirija toda su atención a su respiración. Respire lentamente por la nariz y fíjese qué mano es la que se mueve. Si es la mano que está situada en el tórax, su respiración es pectoral y no está utilizando la zona abdominal para respirar.
Paso 3: La posición de tumbado boca arriba facilita la respiración diafragmática. Solo tiene que inspirar aire por la nariz eliminando el reflejo elevar los hombros al tomar aire. Intente dirigir todo el aire a la parte inferior de sus pulmones, sin forzar la respiración. Respire lentamente y fíjese como la mano que tiene situada en el abdomen se eleva en cada inspiración. No fuerce la respiración ni intente coger más aire de lo habitual. No se trata de respirar más aire, sino de respirar mejor.
Paso 4: Suelte lentamente el aire por la boca y notará cómo la mano situada en el abdomen desciende. La zona pectoral estará relajada y prácticamente no entra en acción ni en la inspiración ni en la espiración. Sentirá como sus hombros y su nuca se relajan mientras suelta el aire por la boca.
Practique estos 4 pasos, 5-10 minutos durante 4-5 días, y verá cómo le será relativamente fácil respirar con el diafragma. Ahora es el momento de practicarlo de pie y caminando, ya que lo hará de esta forma cuando tenga que utilizarla en el campo.
Incorpore la respiración a su rutina pre-golpe, post-golpe y entre golpe y golpe. Utilice la respiración como una herramienta más a su disposición que, a buen seguro, le ayudará a afrontar los momentos decisivos e importantes de la competición.
1 Mayo 2020 – El tirar putts en la alfombra de casa, además de servirle para matar el gusanillo gosfístico que todos tenemos a estas alturas del confinamiento, le puede ayudar a mejorar su mentalidada la hora de patear.
No podrá entrenar la lectura de caídas, o el control de la fuerza, pero lo que sí que puede entrenar en la alfombra de casa como sí estuviera en el putting-green de su club es la actitud, la fortaleza mental y la concentración a la hora de patear. Veamos cuál es la mentalidad de los buenos pateadores.
Los tres principios psicológicos de los buenos pateadores
1º) El putt es una cuestión de probabilidades: cuanto mejor tire el putt es más probable que la bola entre y, por el contrario, cuanto peor tire el putt menos probable es que entre en el hoyo. Podemos tirar un buen putt y que la bola no entre y, curiosamente, podemos tirar un mal putt y que la bola termine dentro del hoyo.
Este principio hace que los buenos pateadores estén centrados en tirar buenos putts con intención de embocar, para aumentar la probabilidad de que la bola entre.
Y también aceptan y asumen que tirar un gran putt no garantiza ni significa que la bola tenga que entrar obligatoriamente, por lo que también se ahorran un montón de quejas y pensamientos del tipo “con lo bien que lo he tirado, cómo es posible que no haya entrado, es imposible meter un putt, etc.” que, incluso habiendo tirado un buen putt, solo provocan desesperación y pérdida de confianza, justo lo contrario de lo que necesitamos para afrontar con confianza y tranquilidad el siguiente putt.
2º) Cualquier putt, por corto y fácil que sea, se puede fallar y cualquier putt, por largo y difícil que sea, se puede embocar. A partir de este principio, para los buenos pateadores todos los putts son exactamente iguales y van a pensar y hacer lo mismo en todos los putts, independientemente de la distancia, de si es para birdie o para par, siguen la misma rutina y el mismo proceso mental en todos los putts: centrados en tirar un gran putt con intención de embocar.
3º) Todos los buenos pateadores sienten que son buenos pateadores, pero este sentimiento o creencia no se basa exclusivamente en el resultado, en que embocan muchos putts, sino que este sentimiento se fundamenta en sus cualidades como pateadores.
Sienten que pueden tirar la bola a donde están apuntando, sienten que tienen un gran control de la fuerza, sienten que saben leer bien las caídas y que saben concentrarse y mantener la calma para estar solamente visualizando el putt que quieren tirar, sin preocuparse de si la bola va a entrar o no o de la trascendencia del putt.
Tienen interiorizado que el resultado es la consecuencia de sus cualidades y que gracias a esas cualidades es por lo sienten y creen que son buenos pateadores. Los resultados son solo un ingrediente más de su confianza, pero no el único, por lo que después de un error o un mal día de putt su confianza se mantiene intacta, porque son conscientes de que sus cualidades siguen siendo las mismas que antes de fallar el putt o que antes de empezar la vuelta.
Tire muchos putts, de momento en la alfombra de casa y muy pronto en el campo, siguiendo estos tres principios básicos y verá como mejora su predisposición a la hora de tirar los putts, su confianza y su consistencia.
25 Abril 2020 – En estos días de reclusión en casa debido a la pandemia del Covid-19 que estamos padeciendo, además de seguir los consejos de los profesionales para mejorar su swing, también podemos hacer una cosa que sin duda le ayudará a bajar sus resultados y su hándicap: reflexionar.
Y se estará preguntando: ¿reflexionar sobre qué y para qué? Pues le invito a que reflexione sobre usted y su juego con el fin de que pueda llegar a ser un gran competidor, sin tocar un palo y desde su sofá favorito.
Puede que esté pensando que solo los buenos jugadores, los hándicaps bajos o los profesionales pueden ser buenos competidores, pero ser un buen competidor no tiene nada que ver con el nivel de juego o el hándicap. Se puede ser un buen competidor teniendo hándicap 25, 10 o cero, y al revés. Se puede ser un mal competidor siendo hándicap plus, 8 o 28, porque ser o no ser un buen competidor es una cuestión de actitud.
Un buen competidor es aquel que sabe sacar el máximo rendimiento a todas las armas y recursos con los que cuenta en cada momento de la competición, se conoce bien y sabe jugar con sus puntos fuertes y minimizar sus puntos débiles.
Por tanto, la primera condición para ser un buen competidor es conocerse, saber con qué recursos cuenta para hacer frente a los retos de la competición. Evidentemente, las habilidades y recursos con los que contamos van a depender de los años de práctica, de la experiencia, de la cantidad de horas de entrenamiento y, también, cómo no, de la edad.
No cuenta con las mismas cualidades un jugador profesional sénior que un jugador profesional de 25 años, pero los dos pueden ser grandes competidores sacando el máximo partido a los recursos de cada uno. Y lo mismo podemos decir de jugadores con hándicaps altos y bajos.
Por tanto, de las primeras cosas que debe hacer para ser un buen competidor es conocer sus puntos fuertes y débiles y cómo hacer uso de ellos para maximizar el rendimiento y conseguir hacer los menos golpes posibles.
Este autoconocimiento se alcanza analizando las vueltas de competición, realizando el análisis cuantitativo, las estadísticas y el análisis cualitativo de las estadísticas. Los números indican qué es lo que ha pasado, qué porcentaje de greens en regulación hemos cogido, el porcentaje de calles cogidas, los up&downs o la efectividad con el putter desde cualquier distancia.
Los números están muy bien, pero nada nos dicen de las causas del porcentaje de calles, de greenes o de la efectividad con el putter.
Para saber los motivos que provocan los buenos o los malos números, se hace imprescindible el análisis cualitativo. Quizá la causa de los greens fallados sean los errores técnicos, o las malas decisiones, o la falta de determinación y confianza a la hora de pegarle a la bola.
Cuando se juntan el análisis cuantitativo con el cualitativo es cuando se obtiene el cuadro completo de lo que ha pasado en la vuelta y, a partir de ahí, se podrán sacar conclusiones de qué se ha hecho bien o mal. Este trabajo, vuelta tras vuelta y competición tras competición, es lo que le va a permitir saber cuáles son sus puntos fuertes y débiles, cuáles son sus armas, qué golpes y situaciones se le dan mejor y en cuáles tiene que mejorar.
Con estos dos tipos análisis podrá realizar dos cosas que le permitirán ser mejor competidor:
1) Planificar sus estrategias de juego, la distancia a la que debe dejarse los golpes para aumentar su efectividad, cuándo atacar la bandera y cuándo ser más conservador o inteligente y jugar a la zona ancha de green, el tipo de golpe o efecto a jugar. En definitiva, aprender a adaptar su estrategia a sus recursos, sin jugar por encima ni tampoco por debajo de sus posibilidades. Y esto no es algo sencillo, es un proceso que se va consiguiendo con el análisis vuelta a vuelta y torneo a torneo.
2) Y aun siendo muy importante el punto anterior, todavía lo es más, después de realizar el análisis cuantitativo y cualitativo, establecer un plan de entrenamiento para conseguir aumentar sus recursos ya sean éstos técnicos, mentales, físicos o estratégicos, y poderlos poner en práctica en las siguientes competiciones.
Dedique su tiempo golfístico de confinamiento a mejorar su swing, pero también a reflexionar, a analizar sus vueltas, para que en cuanto podamos pisar otra vez el campo pueda adaptar su forma de jugar a sus puntos fuertes.
18 Abril 2020 – Llevamos varias semanas confinados en casa por culpa del Covid-19, intentando llevarlo lo mejor posible y cada uno haciendo lo que está en sus manos para que esto termine lo antes posible.
En las charlas con los padres suelo terminar diciendo que el golf es una escuela para la vida y una buena oportunidad para que nuestros hijos adquieran aprendizajes para desenvolverse con éxito en la vida.
¿Y qué podemos aprender del golf para sobrellevar este confinamiento?
Pues, salvando las distancias, el golf nos muestra un modelo de actitud que podemos imitar en estos días. Imagine que está en el hoyo 9 de una competición, no está jugando bien, el resultado no es ni de lejos el que había imaginado con tanta ilusión la tarde antes y el día recuerda más a una jornada de Open Británico que de Open Costa del Sol.
“Hoy no es mi día”
Ante esta situación, se le presentan varias opciones. La primera opción, la fácil y cómoda: dejar que el pensamiento “hoy no es mi día” se apodere de su mente. Este pensamiento viene cargado de argumentos y de hechos que así lo atestiguan. Complicado llevarle la contraria.
Este pensamiento le está invitando a abandonar y a arrastrarse mentalmente por los siguientes 9 hoyos con el argumento razonable de “¿para qué te vas a esforzar si ya no vas a conseguir lo que quieres?”.
Pero aún puede empeorar más la situación si al “hoy no es mi día” le acompañan quejas y excusas, reproches, autocríticas y enfados después de cada error. Estará añadiendo rabia y frustración, que puede desembocar en pensamientos irreproducibles en un texto.
Si deja que el pensamiento “hoy no es mi día” gane la batalla, estará dejando de lado la capacidad de superación, de afrontar las dificultades, el saber adaptarse a las circunstancias que van viniendo y, en definitiva, estará perdiendo la guerra y se verá arrastrado por tanta adversidad. Cuando esto sucede el juego nos supera.
Aceptar y actitud resolutiva
Pero también tiene una segunda opción: aceptar la situación tal cual es, independientemente de la mala suerte, del mal tiempo u otras circunstancias de las que usted no es responsable y actuar con actitud resolutiva.
Estas son las dos cosas que nuestros hijos pueden aprender de cualquier ronda de golf, ya que siempre hay situaciones que brindan la ocasión de aprender a aceptar y desarrollar actitud resolutiva ante las dificultades y adversidades del momento.
En mitad de una competición no es el momento de criticarse o reprocharse los errores que haya cometido y que le han llevado a esa situación. Tampoco es el momento de analizar demasiado el porqué del mal resultado.
Mucho mejor, es el momento de sacar lo mejor de cada uno y buscar la mejor solución ante cada situación que se vaya presentando. Si falla un golpe de los que nunca falla, acepte, busque alternativas y decídase por la que crea que es la mejor opción para terminar el hoyo en el menor número de golpes. Esta actitud es un hábito que podemos ir adquiriendo en cada vuelta de golf.
¿Cómo se aprende a aceptar?
Buscando motivos para aceptar, argumentos y pensamientosque se enfrenten cara a cara con aquellos pensamientos que nos invitan a dejarnos llevar por las quejas, que nos invitan a ser poco resolutivos y en definitiva a no dar lo mejor de nosotros.
A bote pronto, se me ocurren varios pensamientos escudo: “aunque hoy no sea mi día, me quedan 9 hoyos por jugar, los hoyos anteriores ya no los puedo cambiar. Lo tengo que aceptar, aunque no me guste. Solo puedo hacerlo bien en el siguiente golpe. Esta situación no va a poder conmigo”.
A partir de este auto-dialogo que le ayudará a aceptar, podrá preguntarse: ¿Qué tengo que hacer ahora para hacerlo lo mejor posible? Esta pregunta le llevará directamente a buscar una solución, a tener actitud resolutiva.
Cuando estamos entrenados en actitud resolutiva, hacerse esta pregunta es suficiente para empezar a buscar soluciones. Esta pregunta no caduca, pase lo que pase en los hoyos siguientes puede seguir preguntándose: “¿Qué tengo qué hacer ahora?”
Lo mejor de tener actitud resolutiva es que al final de la vuelta, y aunque no haya hecho ni un swing decente, podrá sacar la bola del hoyo 18 y, con la cabeza bien alta, dar las gracias a sus compañeros de partido y sentirse orgulloso de sí mismo porque ha estado a la altura del juego, sin abandonar ni quejarse a pesar de que las circunstancias y algunos de sus pensamientos le invitaban a ello. En definitiva, ha dado lo mejor de usted mismo.
Espero que el análisis de esta situación, que todos los jugadores de golf hemos vivido en bastantes ocasiones, le ayuden a aceptar y adoptar la actitud resolutiva que en estos momentos que estamos viviendo se hace imprescindible.