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Blog – Nuevas sensaciones: Y tú, ¿qué eres, Jugador o Golfista?

9 Mayo 2021 – La primera vez que vi a Seve pegarle a una bola yo tenía 18 años. La verdad es que fue un pésimo segundo golpe, madera 3 en mano, con el que se introdujo en un bosque a la derecha de una calle nada fácil que la tarjeta marcaba como par 5. Tras rebotar en varias ramas la bola desapareció en medio de unos arbustos. Entonces, con una tranquilidad pasmosa hizo hueco entre las plantas para preparar el siguiente golpe. Cuál sería mi sorpresa cuando, sin mucho pensarlo, alcanzaba green, dos pats y de allí se alejaba con el par bajo el brazo.

¡Alucinante! Sí, alucinado me quedé, preguntándome cómo era posible jugar una bola tan mal y, sin frustrarse, todavía ser capaz de acabar con el par. Claro, un error lo comete cualquiera, pero para Seve no cambiaba nada, ya que seguiría jugando hoyo tras hoyo con su mejor destreza.

Así de sencillo, una bola pone a prueba tu confianza y tienes que superar el examen con nota. Me separé de la maraña de seguidores, cavilando sobre cómo lo hacía el mejor jugador del mundo para armarse de valor y permanecer sereno en una bola tan arriesgada, y quise aprender algo de aquella experiencia para no encoger el brazo en los golpes más complicados.

“Me acojono cuando tengo que dar el golpe de gracia y salir de un agujero negro”, me justificaba ante mi mentor, un veterano maestro al que apodábamos ‘Jarvey’ – en realidad se llamaba Javier -. ¿Qué habrá sido de aquel hombre?, por el mundo debe andar jugándose el sueldo de las clases al póker.

Tan sabio sobre el tapete, con las fichas y las cartas, como en el campo, con las bolas y los palos, me decía: “¡Ahhh! Amigo, madurez, confianza, físico… todo eso está muy bien, peor lo primero, lo primero de todo es… el orgullo”, me aleccionaba con la rotundidad de quien ha regresado del Tibet habiendo encontrado el camino y su verdad.

“Pero orgullo significa arrogancia, vanidad, egoísmo, prepotencia y menosprecio por el contrario”, le repliqué. “No necesariamente. Una buena carga de autoestima y ambición, combinada con la sencillez y humildad que has visto en algunos pros te abrirá las puertas para dejar de ser un Golfista vulgar, y convertirte en un auténtico Jugador”.

“No lo entiendo, maestro Jarvey”. Consciente de que mi swing no era ejemplar, me insistía: “Jugar es arriesgar y arriesgar es vivir. Entonces, jugar es vivir. Por lo tanto, juega intensamente. Cuando juegas una bola, pues te la juegas y todo lo demás no importa. Por ejemplo, en el póker hay que arriesgar, como en la vida misma”, me repetía.

Días más tarde encontré una carta en mi taquilla: “Querido amigo, me voy a Las Vegas”. El destino le enviaba hacia el Tibet del golf, que también era la Meca de las apuestas, dos campos en los que era especialista. “Pero no voy a marcharme dejándote colgado. Considerando tus posibilidades, muchacho, sólo tienes una solución. Sigue la senda marcada por estos consejos y dejarás de ser un frustrado Golfista, para triunfar como Jugador”.

¿Qué diferencia hay entre Jugador y Golfista?, me preguntaba. Pues la carta continuaba así:

  • 1) Al final del recorrido, los Jugadores acaban con los hierros largos sucios, mientras el barro se acumula en los drivers de los Golfistas.
  • 2) Los Jugadores practican el putting hacia un solo hoyo desde todas las direcciones, mientras los Golfistas lo hacen de uno a otro en el putting-green.
  • 3) Los Jugadores ponen el mismo esfuerzo en un pat de 2 metros que desde el tee, mientras que los Golfistas esperan escuchar a alguien que les diga ‘¡muy buena!’.
  • 4) Los Jugadores consideran el del tee del 1 como el primer golpe del día, mientras que los Golfistas ven el primer tee como el augurio de cómo les van a ir las cosas aquel día.
  • 5) Los Jugadores sacan el mayor partido del juego con el que vienen al campo, mientras que los Golfistas piensan que han venido con mejor juego, a pesar de hacerlo peor.
  • 6) Los Jugadores consiguen sacar la bola a la calle después de un mal drive, y los Golfistas piensan que caer en los árboles es debido en un 90% a causa del viento.
  • 7) Los Jugadores piensan que una mala situación es fruto de la mala suerte, y para los Golfistas una mala situación es una buena excusa para jugar con las reglas de invierno.
  • 8) Los Jugadores tienen regrabadas las estrías de sus wedges, mientras que los Golfistas se aprestan a comprarse uno nuevo.
  • 9) Los Jugadores siempre saben dónde está su bola, mientras los Golfistas creen que la suya está 40 metros más adelante, especialmente si comparten partida con un Jugador.
  • 10) Y los Jugadores prefieren no jugar con Golfistas, pero a los Golfistas les encanta jugar con un Jugador.

Desde aquel día me transformé completamente. ¡Pasé de comportarme como un Golfista más, a sentirme un verdadero Jugador! Había encontrado el camino.

¿Qué he aprendido con todo esto? Básicamente a olvidar mi estilo. La tarjeta no entiende de swings, ni te dice si tienes un buen swing o lo horrible que es el mío. Si después de un hachazo te ves atrapado entre los árboles, pero eres capaz de recuperar la calle de un estacazo, y después arrear un cucharazo con el wedge y arrastrar el pat hasta meterla en el hoyo, pues resulta que eres un Jugador y no un Golfista.

Ahí está la diferencia. Los Jugadores han superado las barreras puliendo todas las facetas de su juego, tanto físicas como mentales; han dominado sus egos y han aprendido a aceptar sus propias limitaciones, a cambio de una tremenda perseverancia en conseguir bajar su resultado.

¿No es para eso por lo que seguimos jugando?

Por Miguel Angel Buil