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Opinión – Jon Rahm necesita un caddy
6 Febrero 2018 – El día después de que Jean van de Velde regalara el Open Británico de 1999 de una manera tan ridícula que ha hecho historia, un buen jugador, muy experto en torneos de alto nivel, y también francés, fue muy claro: «debería cambiar de caddy, enseguida».
El golf moderno, que domina la técnica del swing y se dedica intensamente al entrenamiento físico y a la repetición del movimiento correcto para adquirir consistencia en la precisión, reside, por último, en saber ver la estrategia adecuada para cada situación. De Nicklaus se valora, sobre todo, que ha tenido siempre la clarividencia de ver el golpe que correspondía en cada momento.
Criticaron mucho a David Toms, cuando ganó su PGA de 2001, porque no atacó el green del 18 -un par 5 alcanzable- de segundo golpe; hizo el 4 de approach y pat y ganó, y fue rotundo cuando le preguntaron: «quería ganar y sabía que así lo podía hacer».
El carácter del jugador tiene mucho que ver en este aspecto, pero los profesionales de los grandes circuitos tienen la enorme suerte de que llevan caddy. Frente a la soledad tremenda del jugador de golf, acosado por sus pensamientos, recuerdos y experiencias, por la inmediatez del golpe en cuestión -¡y vive Dios que se llegan a tomar con calma la consulta de gráficos y medidas!-, por la exigencia del resultado, el caddy es fundamental. Por supuesto que tiene que ser un experto en medir distancias
y conocer los quiebros del terreno desde el ángulo desde el que se tira, pero lo esencial es que tenga la cabeza clara y serena, tanto para transmitir confianza al jugador como para aconsejarle o confirmarle o negarle un determinado golpe o un determinado palo.
Ni Severiano Ballesteros ni Sergio García se encuentran entre los partidarios de conceder opinión al caddy. Pero Nick de Paul se cuadró ante Seve un sábado de tormenta, en 1985, en el noreste de Inglaterra (Royal St. Georges), y le obligó a jugar madera en lugar del hierro 3 para alcanzar un green (caían chuzos de punta y el viento en contra casi te tiraba al suelo) y tuvo razón.
Jon Rahm empezó a jugar el circuito americano con el hermano de Phil Mickelson como coach, pero ahora van los hermanos juntos y una se atreve a pensar que su caddy no tiene la talla que Rahm se merece. En su última actuación, en el Waste Management en el TPC Scottsdale, Arizona, Jon dio tres golpes que quedaron muy lejos de lo que convenía hacer; ninguno fallado, los tres inadecuados: el primero fue un palo tan largo en el 17, un el par cuatro muy corto, que su bola cayó a toda velocidad al agua por detrás del green, un green de 40 metros, con la bandera en el primer cuarto; el segundo, en el 10 de la última vuelta, fue un golpe bajo de recuperación tan fuerte que se cruzó el green y suerte que encontró un bunker que la contuvo del agua; el tercero, otro golpe demasiado largo, esta vez en un par 5, en el 13 también en la última vuelta, cuando necesitaba imperativamente el birdie, que rodó por una pendiente detrás de la bandera y le dejó una recuperación imposible, incluso para un jugador como él, excelente en el juego corto. Una se atreve a pensar que un caddy a la altura de Jon Rahm le podría haber aconsejado mucho mejor.
Rahm es un extraordinario jugador que ha pasado,en algo más de un año, de amateur a segundo del mundo y de la Fedex Cup de este año. La TV americana le trata, por tanto, con mucho reconocimiento, que es algo que dice muchísimo en favor de un jugador no norteamericano.
Rahm es un jugador que pone pasión en su juego. Por favor, que no ceda en la pasión, que es parte del gran espectáculo que da en el campo, por el que le sigue la afición, por el que enamora a los espectadores. Sencillamente, una piensa que necesita un caddy que le comprenda, como persona y como jugador, y que colabore activamente en allanar su carrera hacia muchos más, y más grandes, éxitos.
Por Teresa BagaríaNOTA DE LA REDACCIÓN:
Muchas gracias por las aportaciones y comentarios al artículo ‘Opinión – Jon Rahm necesita un caddy’ que hemos recibido a través de Facebook y Twitter. La verdad es que ha suscitado mucho interés y debate, con más de 500 visitas en pocos días. Nuestra colaboradora Teresa Bagaría es periodista y golfista, y como tal, trabajó para La Vanguardia y fue directora de la revista Solo Golf.



