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JUEGO INTERIOR – No fue la crítica, ¡fueron las expectativas!

31 Julio 2026 – No fue la crítica. ¡Fueron las expectativas! Lo que un simple putt de dos metros nos enseñó sobre cómo reaccionamos — o gestionamos — la presión.

Putt de dos metros.

¿Qué crees que te ayuda más?

Que tus compañeros te digan en voz alta: “¡No la vas a meter!”

¿O que te digan: “¡Seguro que la metes!”?

Lo intuitivo sería pensar que los comentarios positivos ayudan y los negativos perjudican.

Sin embargo, en el taller “Gestionar la presión también se entrena”, que tuve la oportunidad de impartir la semana pasada en Fontanals Golf, ocurrió justo lo contrario.

En este ejercicio práctico, el rendimiento mejoró cuando los participantes escuchaban comentarios negativos y empeoró cuando recibían mensajes de ánimo y confianza.

¿Tiene sentido?

Para mí sí.

La diferencia no estaba en las palabras, sino en la relación que cada jugador establecía con ellas.

Cuando escuchaba un comentario negativo, la presión aparecía de forma muy evidente. Era imposible no darse cuenta de ella. Y precisamente esa conciencia le daba la oportunidad de responder en lugar de reaccionar. Podía escuchar la voz, reconocer el miedo que despertaba y volver deliberadamente al proceso: respirar, sentir el cuerpo, comprometerse con el golpe y ejecutar.

En cambio, cuando recibía mensajes positivos ocurría algo mucho más sutil.

Aparecía el deseo de no defraudar a quienes confiaban en él. Sin darse cuenta, el foco dejaba de estar en ejecutar bien el putt y pasaba a estar en meterlo. Ya no jugaba el golpe; jugaba contra las expectativas.

Y ahí la presión empezaba a dirigir el comportamiento desde la sombra.

En el primer caso, fallar apenas tenía consecuencias. Nadie esperaba que embocara el putt, así que el miedo perdía fuerza.

En el segundo, fallar significaba decepcionar a los demás… y, muchas veces, decepcionarse a uno mismo.

Por eso, cuando hablamos de presión, para mí existen dos maneras de vivirla: gestionarla o reaccionar ante ella.

Gestionarla significa darme cuenta de lo que está ocurriendo dentro de mí. Reconocer mis pensamientos, mis emociones y las sensaciones de mi cuerpo para poder elegir conscientemente cómo quiero afrontar el siguiente golpe.

Reaccionar significa entrar en piloto automático. Quedar atrapado por las expectativas, por el miedo al error o por el deseo de agradar, hasta olvidarme completamente del proceso.

Este ejercicio era solo un juego.

Pero fue un juego que permitió a todos experimentar algo muy profundo: que la presión no desaparece porque alguien nos anime ni porque intentemos pensar en positivo. La presión se transforma cuando aprendemos a reconocerla y a relacionarnos de otra manera con ella.

Y eso no se aprende leyendo un libro ni escuchando una charla.

Se entrena.

Porque no es lo mismo que te lo cuenten que sentirlo en tu propio cuerpo.

Afrontar el dolor que generan las voces externas — y, sobre todo, las internas — requiere práctica, valentía y entrenamiento consciente. Evitar ese dolor solo nos condena a reaccionar una y otra vez, perdiendo libertad, responsabilidad y capacidad de decisión.

Por eso la preparación mental no debería ser un complemento del entrenamiento.

Debería formar parte del entrenamiento.

Porque la presión también se entrena.

¿Y tú?, ¿cuánto tiempo dedicas a entrenar la parte mental de tu juego?

Seguimos…

Por JORDI DÍEZ
Coach de Alto Rendimiento en Golf y Pádel

Trabaja con jugadores amateurs avanzados y profesionales que buscan rendir bajo presión y competir a su máximo nivel.

“Para competir mejor, hay que jugar más”

Instagram @jordidiezadell

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JUEGO INTERIOR – Inspiración sí, imitación no

JUEGO INTERIOR – Inspiración sí, imitación no

10 Julio 2026 – Inspirarse no es imitar. Y esa diferencia lo cambia todo.

Las redes sociales están llenas de deportistas de élite explicando cómo gestionan sus emociones, su mente y su cuerpo.

En el golf ocurre constantemente. Puedes ver documentales de Seve, Scheffler, Rory, Tiger, Michelle Wie o Nelly Korda, y todos compartirán las herramientas que les ayudaron a construir una mentalidad fuerte, una actitud competitiva y la capacidad de afrontar la adversidad.

Todas esas historias inspiran. Sin duda.

Pero, si las observas con atención, descubrirás algo muy importante: ninguno gestiona la adversidad igual que otro.

Todos tienen algo en común: cuando llegan los momentos difíciles, son capaces de responder. Pero cada uno lo hace desde su propia personalidad, su propia historia y su propia forma de entender el juego. No existe una única manera correcta de gestionar la presión. Existe la manera que encaja contigo.

Y aquí aparece una de las grandes trampas del desarrollo personal: la comparación. La comparación contigo mismo, midiendo constantemente tu camino con el de otros. Y también la de quienes, con la mejor intención, intentan encajarte en un molde que creen que es el correcto para ti.

No eres Rory. No eres Scheffler. No eres Nelly Korda.

Eres tú.

Cuanto más intentas parecerte a ellos, más fácil es que acabes frustrándote. No porque estés haciendo las cosas mal, sino porque estás intentando gestionar tus emociones desde una identidad que no es la tuya.

A veces creemos que la frustración aparece porque todavía no sabemos controlar la presión. En realidad, muchas veces aparece porque dejamos de ser nosotros para intentar convertirnos en otra persona.

Y eso pesa mucho más.

Personalmente estoy cansado de ver historias de superación extraordinarias que, sin quererlo, terminan provocando el efecto contrario: convertimos al protagonista en un héroe inalcanzable y nosotros acabamos sintiéndonos pequeños, convencidos de que nunca tendremos esa fortaleza.

Además, esos documentales están construidos para emocionar. Imágenes épicas. Momentos de máximo sufrimiento. Música que pone la piel de gallina. Todo está diseñado para hacerte creer que ahí está la respuesta.

Y sí, inspiran.

Pero no confundas inspiración con imitación.

Déjate inspirar por su compromiso, por su valentía, por su capacidad para levantarse una y otra vez. Pero no intentes levantarte exactamente como ellos.

Encuentra tu manera.

Porque la verdadera fortaleza no consiste en parecerte a los mejores. Consiste en descubrir cómo respondes tú cuando llegan las dificultades y desarrollar esa versión de ti una y otra vez.

Vivimos una época en la que el esfuerzo, la paciencia y la capacidad de superarse parecen estar continuamente cuestionados. Precisamente por eso necesitamos más que nunca referentes que nos recuerden el valor de esos principios.

Pero también necesitamos recordar algo igual de importante: cada persona tiene su propia manera de atravesar la adversidad y escribir su historia de superación.

Admira a los grandes.

Aprende de ellos.

Inspírate en ellos.

Pero enamórate de tu propia forma de competir, de caer, de levantarte y de crecer.

Porque cuando dejas de querer ser otro y empiezas a ser tú, dejas de vivir a la sombra de las comparaciones y empiezas a construir algo que nadie puede copiar: tu propia historia.

La autenticidad no es un lujo. En el deporte de alto nivel es una ventaja competitiva.

Y al final, la verdadera victoria no es parecerse a nadie.

Es escribir tu propia historia… y competir siendo tú.

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Por JORDI DÍEZ
Coach de Alto Rendimiento en Golf y Pádel

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JUEGO INTERIOR – La honestidad incómoda del golfista

26 Junio 2026 – Pedir ayuda en el deporte profesional sigue costando. Muchas veces se asocia a la debilidad, a la falta de recursos propios o a que algo no va bien. Parece que acudir a alguien es reconocer una carencia o atravesar una crisis.

Sin embargo, cuando observamos a los mejores deportistas del mundo, entendemos exactamente lo contrario.

Nadie llega lejos solo.

Todos se rodean de especialistas que les ayudan a crecer: entrenadores técnicos, preparadores físicos, nutricionistas, fisioterapeutas y profesionales de la parte mental y emocional. Existe una comprensión bastante generalizada de que el rendimiento es demasiado complejo como para abordarlo desde una única perspectiva.

La sensación es clara: quien se deja acompañar suele avanzar más lejos y de una forma más consistente.

En el golf amateur ocurre algo curioso.

Muchos jugadores toman algunas clases cuando empiezan. Después, simplemente juegan. De hecho, el porcentaje de golfistas que reciben clases de manera regular es sorprendentemente bajo. Y no deja de llamar la atención porque, al mismo tiempo, son muchos los que desean mejorar su juego.

Jack Nicklaus decía que el golf es un 90% mental y un 10% técnico. Más allá de si estamos de acuerdo o no con los porcentajes, la reflexión sigue siendo interesante. La mayoría de los jugadores dedican muy poco tiempo a entrenar aquellas áreas que dicen ser tan importantes.

Podríamos hablar también de los que no calientan antes de jugar. De los que apenas practican el juego corto. De los que evitan los bunkers durante los entrenamientos. Cualquier golfista sabe perfectamente de qué estamos hablando.

Y aquí aparece una pregunta incómoda:

¿Realmente queremos mejorar?

¿O simplemente queremos disfrutar del golf tal y como lo estamos viviendo?

Las dos respuestas son perfectamente válidas.

El problema aparece cuando queremos una cosa y actuamos como si quisiéramos la otra.

Cuando exigimos resultados sin comprometernos con el proceso. Cuando nos frustramos por no rendir mejor, pero evitamos aquello que podría ayudarnos a mejorar. Cuando esperamos cambios sin modificar prácticamente nada.

Ahí es donde la honestidad se vuelve importante.

Porque la honestidad no consiste en juzgarse, sino en reconocer la realidad.

Reconocer dónde estoy. Cuánto entreno. Cuánto practico. Cuánto me implico. Y, sobre todo, aceptar si mis expectativas son coherentes con el esfuerzo que estoy dispuesto a realizar.

Y esto tampoco es fácil para los profesionales.

Muchos jugadores de alto nivel no disfrutan especialmente del sacrificio, de la repetición o de la exigencia que implica mejorar constantemente. La diferencia es que suelen aceptar que ese es el precio del rendimiento.

En cambio, muchos amateurs sufren porque quieren resultados similares sin aceptar las renuncias, el tiempo y la dedicación que esos resultados exigen.

Por eso, de vez en cuando, merece la pena detenerse.

Parar unos minutos y preguntarse qué necesito realmente del golf. Qué lugar ocupa en mi vida. Qué estoy buscando cuando salgo al campo. Quién soy si decido competir. Y quién soy si simplemente decido disfrutar.

Son preguntas sencillas de formular, pero no siempre fáciles de responder.

Quizá por eso muchas veces preferimos seguir en piloto automático. Continuar por inercia. No cuestionarnos demasiado.

Porque algunas respuestas incomodan.

Y porque la honestidad tiene algo de peligroso: cuando aparece, nos obliga a dejar de contarnos historias y empezar a mirar la realidad tal y como es.

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Por JORDI DÍEZ

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12 Junio 2026 – “En golf, si me desequilibro emocionalmente, pierdo la concentración y eso afecta directamente a mi resultado”.

Hay una parte de verdad en esta frase, pero no toda.

Es cierto que, durante una vuelta, mantener la compostura ayuda muchísimo. El golf exige presencia, paciencia y capacidad para sostener la atención golpe tras golpe. Cuando un jugador consigue estabilizarse emocionalmente, suele tomar mejores decisiones, ejecutar con más claridad y mantenerse conectado al campo.

Pero cuidado: gestionar las emociones no significa reprimirlas.

Muchos golfistas aprenden desde muy jóvenes a “tragarse” la rabia después de un mal golpe, a esconder el miedo en momentos de presión, o a disimular la frustración cuando el resultado no acompaña. Y sí, en determinados momentos eso puede ser útil. Después de un error, congelar temporalmente la emoción puede ayudarte a no salirte del proceso y a mantener el foco en el siguiente golpe.

Esa capacidad de sostenerse emocionalmente tiene valor competitivo.

El problema aparece cuando esa desconexión emocional se convierte en una forma habitual de competir. Porque entonces, el jugador deja de escuchar información muy importante que las emociones le están dando.

La rabia puede mostrarte falta de compromiso, mala toma de decisiones o tensión acumulada. El miedo puede ayudarte a reconocer los riesgos reales de un golpe o la presión que estás sintiendo. Y la tristeza, aunque incómoda, puede ayudarte a aceptar tu nivel actual, entender dónde estás realmente y dejar de luchar contra una realidad que no quieres ver.

Y en golf esto es fundamental.

Porque el jugador que no acepta lo que siente, suele entrar en una lucha constante consigo mismo: pelea contra el error, contra el resultado, contra el campo y muchas veces contra su propio cuerpo.

El problema es que el cuerpo siempre acaba hablando.

Reprimir emociones puntualmente puede ayudarte a competir mejor en un momento concreto. Pero hacerlo durante años, genera tensión física y mental. El cuerpo se endurece, el swing pierde fluidez, aparece más rigidez en los momentos importantes y la cabeza empieza a llenarse de ruido interno.

¿Cuántos golfistas parecen técnicamente preparados, pero compiten atrapados por dentro?

El golf no solo expone tu técnica; también expone cómo gestionas la frustración, el miedo, las expectativas y el error. Por eso el desarrollo emocional no es algo separado del rendimiento: forma parte del rendimiento.

Y quizá un jugador emocionalmente sano no sea el que nunca siente rabia o miedo, sino el que puede reconocer lo que siente, expresarlo de manera adecuada y volver después al presente para ejecutar el siguiente golpe con claridad.

Porque recuperarse de un mal hoyo o de un error importante no depende únicamente de la fortaleza mental. Depende, muchas veces, de la relación que tienes con tus emociones.

No atender esta parte emocional lleva al golfista a competir desde la tensión, el agotamiento y un diálogo interno lleno de excusas. En cambio, cuando aprende a escucharse y a entender lo que le ocurre, el juego empieza a fluir de otra manera.

Y muchas veces, ahí, es donde aparece el verdadero cambio.

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29 Mayo 2026 – En el golf vivimos en una búsqueda constante de aquello que nos permita obtener un buen resultado. Buscamos el mejor swing, la mejor decisión, la mejor estrategia… todo para que la bola vaya exactamente donde queremos. Y hasta aquí no hay nada negativo. De hecho, para quienes amamos competir, esa búsqueda es precisamente lo que nos hace aprender, evolucionar y mejorar.

Pero aquí aparece la pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando buscas… y no encuentras?

¿Qué pasa cuando el golpe no sale, cuando la bola no bota como esperabas, o cuando el resultado no acompaña? ¿Te quedas atrapado varios hoyos en la injusticia, la mala suerte o la decepción? ¿O eres capaz de aceptarlo, aprender y pasar página, para prepararte para el siguiente golpe?

La búsqueda del resultado está profundamente ligada a las expectativas. Y las expectativas, a su vez, están relacionadas con la esperanza y la confianza.

La confianza se construye a partir de experiencias pasadas. Habla de tus porcentajes de éxito, de tus rutinas, de tu preparación y de todo aquello que has aprendido que normalmente funciona cuando haces bien el proceso. Existe un conocimiento interno que sabe que, cuando te enfocas en lo importante, el resultado suele acabar llegando.

Y ahí está, para mí, la gran diferencia.

Los jugadores que se centran en crear oportunidades suelen encontrar muchos más resultados, que aquellos que viven obsesionados únicamente con conseguirlos. En el deporte de élite lo resumimos de una manera muy clara: poner el foco en el proceso y en las rutinas.

Pongamos un ejemplo muy habitual en golf.

Tienes un putt de vuelta para salvar el par, dos metros cuesta abajo. El primer putt se te fue largo porque ibas buscando el birdie. Ahora aparecen dos posibles diálogos internos.

El primero:
“Tengo que meter este putt porque si no hago bogey”.

El segundo:
“El error ya está hecho. El bogey ahora es una posibilidad real. Acepta eso y céntrate en ejecutar bien este tipo de putts comprometidos”.

La diferencia entre ambas maneras de afrontar el golpe es enorme.

En la primera, las expectativas pesan. La mente se aferra al resultado y el cuerpo tiende a la rigidez. El gesto pierde naturalidad, especialmente en golpes tan sensibles como el putt.

En la segunda, las expectativas se ajustan más a la realidad. Hay aceptación. Y desde ahí aparece algo fundamental en el rendimiento: la creatividad y la fluidez para ejecutar el golpe. El cuerpo responde con mucha más libertad.

Por eso, quizá la reflexión final sea sencilla:

¿Vas por el campo buscando resultados… o vas creando oportunidades para conseguirlos?

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15 Mayo 2026 – En el golf – y en realidad en cualquier deporte – la mente intenta sobrevivir a emociones que muchas veces quedan atrapadas en un cuerpo desconectado y olvidado. Para protegernos, la mente crea estrategias constantes para no sentir: controlar, exigir, analizar, anticipar o esconder lo que ocurre dentro.

Toda esa energía emocional contenida acaba acumulándose en un cuerpo al que le pedimos que lo soporte todo. Pero el cuerpo siempre termina hablando. Y cuando lo hace, suele manifestarse en forma de dolor, ansiedad, angustia, bloqueo, agotamiento o incluso depresión.

En el deporte de alto rendimiento esto ocurre constantemente. La mente busca el mejor resultado posible desensibilizando las emociones y exigiendo al cuerpo que responda siempre de manera perfecta, independientemente del cansancio, las molestias o el estado emocional del jugador. Sin embargo, esa lucha interna acaba siendo profundamente desgastante: la mente castiga lo que siente y el deportista termina desconectándose de sí mismo.

Por eso, desde mi experiencia, cualquier intento de transformar la parte mental trabajando únicamente desde la mente suele quedarse corto. Lo primero realmente importante es darse cuenta de que ese ruido mental no aparece porque sí: tiene una función. Muchas veces nos protege de emociones incómodas o dolorosas que no queremos – o no estamos preparados – para sentir.

Ahí es donde el trabajo corporal cobra un valor fundamental. Porque es el cuerpo, desde la experiencia directa, el que puede ayudar a transformar esa mente que vive en modo supervivencia. Cuando el cuerpo se siente escuchado, cuidado y respetado, aparece la confianza. Cuando permitimos sentir el cuerpo, las emociones pueden moverse, expresarse y encontrar un sentido.

El cuerpo guarda información, sensaciones y aprendizajes que la mente no siempre puede explicar. Y precisamente ahí, en esa escucha corporal, es donde muchas veces se producen los cambios más profundos: cambian patrones internos, aparecen nuevas actitudes y el deportista empieza a relacionarse consigo mismo de una manera más sana y libre.

Resulta curioso cómo vivimos atrapados en una mente llena de inseguridades mientras olvidamos la sabiduría natural del cuerpo, que muchas veces solo necesita atención y espacio para expresarse.

De ahí la importancia del desarrollo personal dentro del deporte. No solo para competir mejor, sino para construir una relación más consciente con uno mismo. Porque cuando el cuerpo tiene espacio para sentir, la mente deja poco a poco de luchar y empieza a ordenarse.

Y aunque hoy existen muchas herramientas y mucha información disponible, no siempre es fácil recorrer ese camino solo. La mente tiende a seguir buscando control incluso cuando intenta cambiar. Por eso, en muchos casos, el acompañamiento profesional puede ser clave: alguien que ayude a sostener, comprender y dar sentido a esas emociones y sensaciones que aparecen durante el proceso.

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24 Abril 2026 – De una forma rápida podríamos decir que el juego interior es todo eso que ocurre en nuestro interior mientras jugamos a golf. Todo eso que no se ve, pero se siente, tiene que ver con los pensamientos antes, durante y después del golpe… con las emociones que nos atrapan y con la conexión corporal que tenemos también alrededor del impacto con la bola…

Manejar la presión no es fácil y seguramente su gestión sea la diferencia entre los que están más arriba o más abajo en los rankings mundiales. Básicamente hay dos maneras de afrontar esta presión: gestionando o reaccionando…

Poner atención a los automatismos que todos tenemos al jugar nos coloca en una posición de responsabilidad. Al hacerlo tenemos la posibilidad de evitar la reacción y empezar a gestionar todo lo que ocurre alrededor de un swing.

Es decir, si yo me conozco internamente puedo detectar lo que me está ocurriendo, y a partir de ahí decidir qué hago con eso. Si no me doy cuenta de nada seguiré reaccionando en piloto automático… y seguiré fallando, frustrándome, quejándome y maldiciendo lo que hago y todo lo que está pasando a mi alrededor…

Bienvenidos a “JUEGO INTERIOR”, una nueva sección de MyGolfWay, el espacio de reflexión donde iremos desgranando las distintas partes que hoy en día todos los deportistas de élite están trabajando de una manera u otra.

Y si no lo eres, no te preocupes. Te invito a seguir esta sección porque te servirá también para ver el golf desde otro punto de vista, uno más interno y más humano. Un espacio donde el objetivo será siempre recordar que esto es un juego… por mucho que haya en juego… Una oportunidad de aprender cómo el crecimiento interior del golf nos ayuda a desarrollarnos como personas.

Siempre decimos que “el golf te pone en tu sitio”, que es “una lección de vida constante”

¿Tienes ganas de profundizar más? Aquí tienes tu oportunidad, acompáñame a descubrirte y comprobarlo…

¡Empezamos!

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Olagolf – PARTIDA DE 8, un exclusivo stage de golf para descubrir al mejor jugador que llevas dentro

27 Mayo 2022 – ¿Quieres mejorar tu golf en la partida más exclusiva del año? Si te apasiona el golf y quieres dar un salto en tu nivel de juego, PARTIDA DE 8 es una gran experiencia enfocada en alcanzar eficazmente tus objetivos. El evento, organizado por Olagolf, se celebrará del 15 al 19 de Junio en el Hotel Meliá Villaitana de Alicante, y aún quedan plazas disponibles, pero pocas… sólo hay 8. Así que date prisa si te quieres inscribir.

PARTIDA DE 8 es un stage de golf en grupo que te va a permitir descubrir al mejor jugador que llevas dentro. Consiste en una inmersión golfística de 5 días en el Hotel Meliá Villaitana, con 40 horas (incluyendo 5 salidas a los campos Nicklaus Design de Meliá Villaitana Golf Club) de la mano de un equipo configurado por algunos de los mayores expertos en el sector del golf español:

  • Daniel Colomar, un apasionado y estudioso de la mecánica del swing de golf, formado con los mejores coaches del mundo como John Graham, Michael Jacobs o Brian Manzella, y técnico reconocido que ha entrenado a importantes jugadores del Tour, entre los cuales se encuentra Sergio García.
  • Miguel Segura, aficionado del deporte y del golf, formado en el mundo de la introspección personal, y la capacidad de aprendizaje y de superación del ser humano, que ha desarrollado su carrera profesional en el área del coaching y de la consultoría del liderazgo. Ha trabajado con destacados políticos y directivos de multinacionales como FCC, Coca-Cola, McDonalds o Siemens.
  • Completa el equipo Jordi Díez, CEO de Olagolf, empresa especializada líder en España en la organización de eventos y programas de formación.

PARTIDA DE 8 te propone un stage con las mejores herramientas y los mejores especialistas en formación técnica, mental y emocional, en una oportunidad única para dejar las excusas a un lado…

Más información sobre el programa, inscripciones y tarifas contactando en info@olagolf.es y tel. +34 620 716 628 / +34 667 404 945.