JUEGO INTERIOR

JUEGO INTERIOR – La honestidad incómoda del golfista

26 Junio 2026 – Pedir ayuda en el deporte profesional sigue costando. Muchas veces se asocia a la debilidad, a la falta de recursos propios o a que algo no va bien. Parece que acudir a alguien es reconocer una carencia o atravesar una crisis.

Sin embargo, cuando observamos a los mejores deportistas del mundo, entendemos exactamente lo contrario.

Nadie llega lejos solo.

Todos se rodean de especialistas que les ayudan a crecer: entrenadores técnicos, preparadores físicos, nutricionistas, fisioterapeutas y profesionales de la parte mental y emocional. Existe una comprensión bastante generalizada de que el rendimiento es demasiado complejo como para abordarlo desde una única perspectiva.

La sensación es clara: quien se deja acompañar suele avanzar más lejos y de una forma más consistente.

En el golf amateur ocurre algo curioso.

Muchos jugadores toman algunas clases cuando empiezan. Después, simplemente juegan. De hecho, el porcentaje de golfistas que reciben clases de manera regular es sorprendentemente bajo. Y no deja de llamar la atención porque, al mismo tiempo, son muchos los que desean mejorar su juego.

Jack Nicklaus decía que el golf es un 90% mental y un 10% técnico. Más allá de si estamos de acuerdo o no con los porcentajes, la reflexión sigue siendo interesante. La mayoría de los jugadores dedican muy poco tiempo a entrenar aquellas áreas que dicen ser tan importantes.

Podríamos hablar también de los que no calientan antes de jugar. De los que apenas practican el juego corto. De los que evitan los bunkers durante los entrenamientos. Cualquier golfista sabe perfectamente de qué estamos hablando.

Y aquí aparece una pregunta incómoda:

¿Realmente queremos mejorar?

¿O simplemente queremos disfrutar del golf tal y como lo estamos viviendo?

Las dos respuestas son perfectamente válidas.

El problema aparece cuando queremos una cosa y actuamos como si quisiéramos la otra.

Cuando exigimos resultados sin comprometernos con el proceso. Cuando nos frustramos por no rendir mejor, pero evitamos aquello que podría ayudarnos a mejorar. Cuando esperamos cambios sin modificar prácticamente nada.

Ahí es donde la honestidad se vuelve importante.

Porque la honestidad no consiste en juzgarse, sino en reconocer la realidad.

Reconocer dónde estoy. Cuánto entreno. Cuánto practico. Cuánto me implico. Y, sobre todo, aceptar si mis expectativas son coherentes con el esfuerzo que estoy dispuesto a realizar.

Y esto tampoco es fácil para los profesionales.

Muchos jugadores de alto nivel no disfrutan especialmente del sacrificio, de la repetición o de la exigencia que implica mejorar constantemente. La diferencia es que suelen aceptar que ese es el precio del rendimiento.

En cambio, muchos amateurs sufren porque quieren resultados similares sin aceptar las renuncias, el tiempo y la dedicación que esos resultados exigen.

Por eso, de vez en cuando, merece la pena detenerse.

Parar unos minutos y preguntarse qué necesito realmente del golf. Qué lugar ocupa en mi vida. Qué estoy buscando cuando salgo al campo. Quién soy si decido competir. Y quién soy si simplemente decido disfrutar.

Son preguntas sencillas de formular, pero no siempre fáciles de responder.

Quizá por eso muchas veces preferimos seguir en piloto automático. Continuar por inercia. No cuestionarnos demasiado.

Porque algunas respuestas incomodan.

Y porque la honestidad tiene algo de peligroso: cuando aparece, nos obliga a dejar de contarnos historias y empezar a mirar la realidad tal y como es.

Seguimos…

Por JORDI DÍEZ

Coach de Alto Rendimiento en Golf y Pádel
Trabaja con jugadores amateurs avanzados y profesionales
que buscan rendir bajo presión y competir a su máximo nivel.

“Para competir mejor, hay que jugar más”

Instagram @jordidiezadell

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