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Empresas – Garrett Clark pide perdón y la polémica de Good Good y Callaway Golf empieza a tener consecuencias

27 Agosto 2026 – El cofundador de Good Good Golf y protagonista del controvertido anuncio publica un vídeo personal de disculpa, mientras la repercusión del caso alcanza a la televisión, la distribución comercial y mantiene la incertidumbre sobre el futuro de su relación con el PGA Tour.

La polémica campaña publicitaria protagonizada por Good Good Golf y Callaway Golf continúa generando consecuencias. Después de la retirada del vídeo, y de la publicaciones en redes sociales, más de las disculpas públicas de ambas compañías, Garrett Clark, cofundador de Good Good y protagonista de la escena más controvertida del anuncio, ha dado ahora la cara personalmente con un vídeo de disculpa de más de ocho minutos.

Esta nueva intervención coincide con la ampliación de las consecuencias de una campaña que inicialmente parecía destinada a convertirse simplemente en un error de comunicación. El aplazamiento del estreno del programa televisivo Big Break x Good Good, los cambios en la disponibilidad de productos de la marca en algunos distribuidores estadounidenses y la incertidumbre sobre el futuro del torneo Good Good Championship del PGA Tour muestran que la repercusión ha ido más allá de las críticas iniciales en las redes sociales.

Tras las críticas negativas, y sin que pueda hablarse todavía de consecuencias definitivas para Callaway o Good Good Golf, el episodio comienza a ser analizado también como una crisis de marketing y reputación para las marcas implicadas.

Garrett Clark rompe su silencio

Garrett Clark, uno de los fundadores de Good Good Golf y la persona que aparece empujando a Alexis Miestowski en el polémico anuncio del driver desarrollado junto a Callaway, ha publicado ayer 26 de agosto un vídeo personal para referirse por primera vez de manera extensa a lo sucedido.

Según recogió Golfweek y USA Today, Clark reconoce su participación en lo que califica como un “terrible ad”, admitiendo que la idea y su ejecución fueron equivocadas. El creador de contenido explica que la campaña pretendía ser una parodia de una película de terror, pero reconoce que el resultado no funcionó y que las críticas recibidas estaban justificadas.


La importancia de este nuevo mensaje está en su carácter personal. Hasta ahora, Good Good había difundido una disculpa corporativa y Callaway había terminado reconociendo, a través de su CEO Chip Brewer, que el vídeo había sido aprobado por la compañía antes de su publicación. Ahora es el propio Clark quien, como protagonista de las imágenes, se dirige directamente a su audiencia.

Clark también se refirió a una de las consecuencias más desagradables de la polémica: los mensajes misóginos y amenazantes que, según explicó, recibieron Alexis Miestowski y otras mujeres vinculadas a Good Good después de la difusión del vídeo. El cofundador de la compañía condenó expresamente esas reacciones y defendió que la indignación provocada por el anuncio no puede convertirse en ataques personales contra las integrantes femeninas de la marca.

De un anuncio retirado a consecuencias concretas

La evolución del caso ha dado un nuevo giro con la televisión. El estreno del regreso de The Big Break, bajo el título Big Break x Good Good, estaba previsto para ayer 26 de agosto en Golf Channel, pero la cadena decidió aplazarlo una semana hasta el 1 de septiembre.

La decisión se produjo después de que uno de los patrocinadores solicitara retirar su imagen y branding de la producción a raíz de la polémica. Este hecho ha convertido el caso en algo más que una controversia limitada a las redes sociales, al afectar a uno de los proyectos televisivos vinculados al crecimiento de Good Good dentro de la industria del golf.

La polémica ha alcanzado asimismo a la distribución comercial. Diferentes informaciones aparecidas en Estados Unidos señalan que productos de Good Good han dejado de estar disponibles en algunos grandes canales de distribución. Este aspecto requiere todavía cautela, ya que las decisiones comerciales pueden evolucionar y no todas las compañías implicadas han explicado públicamente sus actuaciones.

Pero el hecho de que algunos productos de la marca hayan desaparecido temporalmente de determinados canales de venta supone, en cualquier caso, una de las primeras consecuencias comerciales visibles de la crisis.

El PGA Tour, pendiente de la evolución

Otra de las grandes incógnitas es el futuro del Good Good Championship, torneo del PGA Tour previsto para noviembre en Austin, Texas, con Good Good como patrocinador principal.

La relación entre el PGA Tour y Good Good es especialmente relevante porque la compañía digital se había convertido en uno de los ejemplos más visibles de la creciente conexión entre el golf profesional y los creadores de contenido. Sin embargo, el CEO del PGA Tour, Brian Rolapp, expresó públicamente su decepción por la manera en que Good Good gestionó inicialmente la polémica, aunque reconoció que la respuesta posterior había evolucionado. Por el momento, no existe una decisión oficial definitiva sobre el futuro del patrocinio.

Una repercusión que ha trascendido al golf

Lo que comenzó como una controversia en redes sociales ha terminado llegando a algunas de las principales cabeceras deportivas, televisivas, generalistas y económicas de EE.UU. y Reino Unido.

En el ámbito del golf, Golfweek, Golf Digest, Golf Channel, Golf Monthly, GOLF.com y ESPN han seguido la evolución de la historia. Pero el caso ha trascendido claramente al sector especializado y ha sido tratado también por NBC News, CBS News, Associated Press, The Wall Street Journal, Business Insider, New York Post, TalkSport y otras cabeceras estadounidenses y británicas.

Esta repercusión confirma que la noticia ha adquirido una dimensión superior al lanzamiento de un producto de golf. La cobertura generalista ha puesto el foco en las imágenes del anuncio y en la posterior admisión de Callaway de que la compañía había aprobado el contenido antes de su publicación, mientras que los medios de negocios y marketing han comenzado a analizar sus implicaciones para la imagen de las marcas.

Es precisamente en este punto donde la polémica adquiere una dimensión especialmente relevante para Callaway. La compañía no ha intentado finalmente desvincularse del contenido. Su CEO, Chip Brewer, reconoció que, aunque el vídeo había sido producido por Good Good, Callaway lo aprobó antes de su publicación, admitiendo que esa aprobación “should never have happened” y anunciando investigaciones internas y externas, además de cambios en los procesos de aprobación.

Esta admisión ha convertido el caso en algo más complejo que un error creativo de un socio comercial. Para Callaway, se trata también de una cuestión de control de marca y de los procedimientos utilizados para aprobar campañas desarrolladas conjuntamente con creadores de contenido.

The Wall Street Journal ha abordado el episodio desde la perspectiva del marketing, mientras que otros medios de negocios han puesto el foco en el posible impacto reputacional de la campaña, especialmente en una industria que considera el crecimiento del golf femenino como uno de sus principales motores de futuro.

Hasta ahora, no existen elementos suficientes para cuantificar un impacto económico directo para Callaway ni para relacionar la polémica con la evolución de su cotización bursátil. Pero sí puede afirmarse que la campaña se ha transformado en una crisis de comunicación y marketing que ha obligado a Callaway a asumir públicamente su responsabilidad y revisar sus procesos internos.

El vídeo de disculpa de Garrett Clark supone ahora un nuevo intento de cerrar un capítulo que, sin embargo, todavía continúa abierto. La evolución de los próximos días determinará si las disculpas, la retirada del anuncio y las investigaciones anunciadas resultan suficientes para recuperar la confianza de los aficionados y de los diferentes socios comerciales.

Por ahora, lo que comenzó como un breve vídeo para promocionar un driver se ha convertido en un ejemplo de cómo una campaña mal planteada puede superar rápidamente el ámbito de las redes sociales y terminar afectando a la televisión, la distribución comercial, las relaciones institucionales y la reputación de las marcas.

Por REDACCIÓN