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BGA – Alejandro de Castro cumplió el sueño de jugar el Open Británico: una semana inolvidable en Royal Birkdale

20 Julio 2026 – Hay semanas que cambian una carrera. Y hay experiencias que marcan a un deportista para siempre. Para Alejandro de Castro, barcelonés de 21 años, disputar The 154th Open Championship en Royal Birkdale ha sido mucho más que jugar su primer major. Ha supuesto la confirmación de que su nombre ya forma parte de la nueva generación del golf amateur español con proyección internacional.
El jugador formado en la Barcelona Golf Academy, e integrante del equipo de Long Beach State University (California), regresa de Inglaterra con un recuerdo imborrable: dos sólidas vueltas de 73-73, para un total de 146 golpes (+6), que le permitieron finalizar empatado como sexto mejor amateur del campeonato, y vivir desde dentro una experiencia reservada a los mejores golfistas del planeta.

Pero para entender el significado de esta aventura hay que remontarse unos días atrás.
La sorpresa en Burnham & Berrow
El verdadero Open de Alejandro comenzó el 2 de julio, en la Final Qualifying disputada en Burnham & Berrow Golf Club.
Con una magnífica actuación de 8 bajo par, finalizando tercero empatado, el joven del Club de Golf Barcelona – el mismo club de origen de David Puig -, consiguió una de las cinco plazas que daban acceso al torneo más antiguo y prestigioso del golf mundial.

Era la recompensa a años de trabajo y el pasaporte para cumplir el sueño que cualquier golfista persigue desde niño: disputar el Open Británico.
Aquella clasificación supuso uno de los mayores éxitos de su carrera. No sólo le abría las puertas de Royal Birkdale, sino que además le impulsaba ocho posiciones en el World Amateur Golf Ranking (WAGR), hasta el puesto 52º, consolidando una progresión espectacular durante la temporada.

Los méritos estaban ahí. En 2024 había conquistado la prestigiosa Copa Nacional Puerta de Hierro; esta primavera logró la victoria universitaria en el Wildcat Invitational; fue distinguido como Big West Golfer of the Year y recibió el reconocimiento de diferentes equipos All-American.
La propia web oficial de The Open destacaba su trayectoria antes del campeonato, señalándolo como uno de los tres amateurs que habían logrado superar la exigente Final Qualifying.
El camino a Royal Birkdale
Pocos días después, Alejandro aterrizaba en la costa inglesa acompañado por dos personas muy especiales.
A su lado estaba Carlos Vivas, Head Coach de la Barcelona Golf Academy y uno de los grandes responsables de su evolución deportiva durante los últimos años.
Para Carlos Vivas tampoco era una semana cualquiera. Era la segunda vez que acompañaba a uno de sus jugadores a The Open. La primera fue en 2017, precisamente también en Royal Birkdale, cuando estuvo junto al australiano Ryan McCarthy.
Nueve años después, el destino volvía a llevarle al histórico recorrido inglés, esta vez acompañando a Alejandro de Castro, una coincidencia que pone de manifiesto la proyección internacional alcanzada por la Barcelona Golf Academy, y por el trabajo desarrollado durante los últimos años por su equipo técnico.

Completaba el equipo Bruno Martí, compañero de entrenamientos en la academia barcelonesa, que durante toda la semana ejercería como caddie en una experiencia tan inesperada como emocionante para ambos.
Los tres llegaban dispuestos a disfrutar cada minuto de una oportunidad única.
Una odisea antes incluso de empezar
Como si el Open quisiera poner a prueba al debutante desde el primer día, apareció el primer contratiempo.
La bolsa de palos de Alex no llegó a tiempo a Inglaterra.

Durante los entrenamientos tuvo que improvisar con un juego prestado y adaptarse incluso a un putter diferente al suyo, una situación nada sencilla tratándose de un major.
Un inconveniente que habría descentrado a muchos jugadores, pero que Alejandro convirtió en una simple anécdota más de la semana.
Lejos de perder la calma, asumió el problema con naturalidad y continuó preparando el campeonato junto a Carlos Vivas, demostrando una madurez impropia de su edad.

El martes, entre las grandes estrellas
Uno de los momentos que Alejandro difícilmente olvidará llegó el martes, durante la sesión de prácticas.
En el driving range de Royal Birkdale, el zurdo español compartió tee de prácticas de entrenamiento con algunas de las mayores figuras del golf mundial. A escasos metros pudo practicar el drive junto a Tommy Fleetwood, Tyrrell Hatton, Xander Schauffele y Josele Ballester, respirando el ambiente que sólo puede vivirse en The Open.
Una imagen que resume perfectamente la dimensión de la experiencia.
Los que apenas unas semanas antes eran referentes que veía por televisión, ahora calentaban a su lado.
Vivir el Open Británico desde dentro
Con el paso de los días, Alex fue descubriendo todo lo que rodea al Open Championship.
Durante las jornadas de entrenamiento también coincidió con Keegan Bradley, Joaquín Niemann, David Puig y también con Josele Ballester, entre otros, compartiendo instalaciones, recorridos y zonas de práctica con algunos de los mejores jugadores del mundo.

Hubo igualmente momentos para guardar en el álbum personal.
Uno de los más simpáticos llegó cuando Luke Donald, capitán europeo de la Ryder Cup, accedió a hacerse un selfie con los hermanos de Alex, ya que la familia se desplazó hasta Royal Birkdale para apoyarle en una semana tan especial.
Mientras tanto, Carlos Vivas seguía trabajando cada detalle técnico, ayudando a su jugador a interpretar un recorrido de un links tan exigente como imprevisible.

El primer golpe de un sueño
Llegó el jueves.
Después de años de su formación y el éxito en las competiciones nacionales, su aventura universitaria en Estados Unidos, y una inolvidable clasificación en Burnham & Berrow, Alejandro de Castro se disponía a disputar su ‘primer major’.
Su debut estaba programado para las 11:15 horas, formando grupo junto al surcoreano Jeongwoo Ham y el japonés Ryutaro Nagano, otros dos jóvenes jugadores que, como él, buscaban dejar su huella en Royal Birkdale.
Los nervios eran inevitables.

Él mismo reconocería posteriormente que, cuando llegó al tee del 1, “no sentía ni las manos ni los pies”, hasta el punto de tener que recurrir a ejercicios de respiración para controlar la tensión antes del primer golpe.
Pero una vez comenzó la vuelta, todo cambió. Después del primer golpe, los nervios desaparecieron y volvió a hacer aquello que llevaba practicando toda la vida: jugar al golf.
Cada hoyo suponía un aprendizaje. El público, la organización, el estado impecable del campo, el viento cambiante y el ambiente único de The Open fueron convirtiendo aquella jornada en una experiencia irrepetible.
Viernes: pasar o no pasar, esa era la cuestión
El viernes amanecía con un reto todavía mayor: Intentar superar el corte.
Alejandro comenzaba la segunda jornada con +3, consciente de que necesitaba una gran vuelta para alcanzar un corte que, durante buena parte de la jornada se mantenía en torno al par del campo.

El desafío era enorme. Además, debía salir en el último partido del día, a las 16:21 horas, afrontando el recorrido cuando el viento empezaba a endurecer todavía más las condiciones de Royal Birkdale.
No dejó de luchar en ningún momento.
Al finalizar la jornada entregó una segunda tarjeta de 73 golpes, idéntica a la del jueves, para completar un campeonato extraordinariamente sólido para un debutante.
El corte no llegó. Pero el aprendizaje sí.
Mucho más que un resultado
Las clasificaciones dicen que Alejandro de Castro terminó con 146 golpes (+6).
Sin embargo, esa cifra apenas resume lo vivido durante una semana extraordinaria.
Porque en apenas quince días pasó de conquistar una plaza en la Final Qualifying, a competir en el mayor campeonato del mundo.
Porque practicó y compartió momentos con algunos de los mejores jugadores del planeta: Tommy Fleetwood, Tyrrell Hatton, Xander Schauffele, Keegan Bradley, Joaquín Niemann, David Puig o Josele Ballester.

Porque sintió los nervios del primer tee de un major y aprendió a dominarlos.
Y porque regresó a casa como el sexto mejor amateur empatado de todo The Open Championship.
Acompañado en todo momento por Carlos Vivas, y con Bruno Martí llevando la bolsa, representó con orgullo a la Barcelona Golf Academy y al golf español en uno de los escenarios más emblemáticos del deporte mundial, lo cual nos llena de emoción y orgullo.
Además, cerró su estreno en The Open con un dato que habla por sí solo: empatado como sexto mejor amateur del campeonato, una magnífica carta de presentación entre la élite del golf mundial.
El comienzo de un nuevo capítulo
Más allá del resultado final, el rendimiento de Alex dejó cifras muy interesantes. En un recorrido de links tan exigente como Royal Birkdale, finalizó 66º en el ranking del promedio en Distancia de Drive, con 310,3 yardas (283,8 metros), firmando un Drive más Largo de 356,7 yardas (326,2 metros) y registró un dato positivo de +0,217 en Golpes Ganados de Drive. Estadísticas que reflejan el potencial de su juego largo, a la par que algunos de los mejores golfistas del mundo.
Números que probablemente pasen desapercibidos para el gran público, pero que los técnicos y entrenadores valoran enormemente, ya que confirman que el joven catalán posee las herramientas necesarias para competir algún día entre los profesionales.
Detrás de ese crecimiento también hay una estructura que lleva años formando jugadores capaces de competir al máximo nivel. La presencia de Carlos Vivas por segunda vez en un Open Británico, cerrando un círculo entre 2017 y 2026, que ahora se abre a futuras ocasiones, de esas tan difíciles de conseguir, pero que constituyen una magnífica muestra del alcance internacional que ha adquirido la Barcelona Golf Academy.

A sus 21 años, Alex de Castro continúa construyendo una carrera que no deja de crecer.
Su formación en la Barcelona Golf Academy, el salto al competitivo golf universitario estadounidense y ahora la experiencia de disputar The Open constituyen etapas de un mismo camino.
Royal Birkdale no ha sido la meta. No sólo fue a vivir la experiencia, la del amateur que fue allí a aprender: también demostró que tiene nivel para competir. Y demostró que posee el potencial necesario para competir también desde el tee con jugadores consolidados del circuito internacional.
Royal Birkdale no ha sido el destino. Ha sido el comienzo del viaje. Una semana de aprendizaje, convivencia y emociones que difícilmente olvidará y que, con toda probabilidad, supondrá un impulso decisivo hacia el siguiente gran objetivo: abrirse camino, en un futuro próximo, entre los profesionales.
Porque algunos sueños terminan cuando se cumplen. El de Alejandro de Castro, después de esta inolvidable semana en Royal Birkdale, da la sensación de que no ha hecho más que empezar.








