Diseñadores
Entrevista – Retrospectiva biográfica del golfista y diseñador Pepe Gancedo (II)
21 Febrero 2016 – En 2003, con motivo del décimo aniversario del Golf Lerma, Mª Acacia López-Bachiller tuvo la oportunidad de charlar largo y tendido con Pepe Gancedo, el magnífico golfista y genial diseñador de campos recientemente fallecido. A modo de homenaje y por su interés documental, aquí publicamos la segunda parte de la entrevista que nuestra amiga periodista y jefa de prensa del Tour Europeo en España le hizo en aquella ocasión:
“Yo era amigo de los Arana y siempre hablábamos de los campos de su tío Javier (El Saler, Club de Campo Villa de Madrid, Guadalmina, El Prat, Los Monteros, La Galea…). Además, conocía lo que había hecho Trent Jones en Sotogrande, me gustaba fijarme y aprendía; Jones recuperó en los campos modernos el green grande con más posiciones de bandera. Cuando viajaba a competir e iba a Inglaterra, siempre cogía ideas y continuamente estaba aprendiendo”.
“Y terminé Torrequebrada. Si te digo la verdad, cuando terminé no pensaba en nada más que en Lupe, mi mujer, la acababa de conocer y fue un flechazo. Una vez finalizado Torrequebrada fue cuando decidí dedicarme a diseñar campos profesionalmente, dejé los almacenes y quería hacer algo por mí mismo, había diseñado un campo, había conocido a Lupe… y quería empezar mi vida de otra manera”.
“Verdaderamente, el primer campo que diseñé no fue Torrequebrada sino Costalita (hoy Montemayor), que luego se abandonó. Fue una aventura, el primer pinito, me llamaron para tres o cuatro proyectos pero llegó la crisis del petróleo y se paralizó todo. Mientras tanto, yo seguía con los coros, la ópera y tocando la guitarra”.
“Un día me llamó Manuel de la Quintana, ‘tienes que venir a Mallorca, donde Folco Nardi me está haciendo un campo’, y allá me fui con Lupe. No había campos, sólo nueve hoyos en Son Vida y en Costa de los Pinos. Paseamos por Santa Ponsa con los almendros en flor, y Lupe y yo boquiabiertos; conocimos a la familia Nigorra (propietarios de Santa Ponsa) y vimos el campo sin terminar. Dimos una vuelta por Mallorca y nos entusiasmó esa isla tan preciosa. Me gustó el trazado de Santa Ponsa y Manolo Quintana me propuso vivir allí y dirigir la construcción. En Málaga vivía como un rey pero él me aseguró: “en Mallorca vivirás como un virrey”. Fuimos para un año y medio con los niños muy pequeños. Empecé a dirigir Santa Ponsa cuando todavía había crisis en toda España. Me enteré de que el green-fee en Son Vida costaba 350 pesetas (1976) y cuando pedí en Santa Ponsa que lo subieran a 600, creyeron que estaba loco; sabía que en la Costa del Sol ya estaban a 800. En Mallorca se creó un triángulo con Santa Ponsa, Poniente y Son Vida que benefició a los tres campos, sentando las raíces de la isla como destino de golf”.
“Referente al campo del Golf Lerma (Burgos), motivo por el que estamos charlando, fue la primera vez que me dieron un terreno “normal” para diseñar un campo. Y, como en EEUU existe la opinión generalizada de que cualquier imbécil diseña un buen campo en un buen terreno, yo quería, por lo menos, ser un simple imbécil. Pedí un plano y fotos aéreas, había 24 sabinas en una plantación de cebada, eran árboles que se dejaban crecer para descansar debajo con el botijo cuando plantaban y araban los campos. El entorno era una maravilla con colinas muy suaves, y debía aprovechar las sabinas centenarias para que entrasen en juego. Todo lo demás tenía que ser creado. Me instalé allí 15 días y empecé a apreciar el cielo de Castilla, más grande que el de Málaga e incluso que el de Tenerife, donde ya había diseñado el Golf del Sur. Procuré darle forma sin romper mucho, me daba miedo meterle un lago a Castilla. Escarbé y encontré arcilla pura, en la finca había agua al hacer los estratos”.
“En el hoyo 11 no había nada donde agarrarse, solo tres sabinas y la suavidad de sus lomas. Hice fotos con la Polaroid y pensé ‘¿qué hago con las sabinas?’. Me encerré en el hotel y pasé toda la noche en blanco con un tubo de pasta de dientes –para los bunkers- y tubos de acuarelas verdes -para greenes y vegetación- que colocaba de manera distinta encima de la foto, para ver las posibilidades que ofrecía el hoyo. ¡Por fin di con la idea! Fui al campo muy temprano y comprobé que las sabinas intervenían para todo tipo de jugador, bueno y no tanto, y a partir de las zonas de caída completé el hoyo hacia el green, moviendo un poquito el tee. Esto mismo sirve para todos los campos, de ordenador y esos cacharros… no sé nada”.
“Mis niños (los campos que he diseñado) son todos iguales para mí, a todos les he puesto la misma ilusión y ganas. Golf Lerma es el primer campo que han jugado españoles, también Larrabea, quiero decir que no son campos turísticos. Creo que he diseñado 18 en total, pero hay cuatro de los que nunca hablo porque me los han destrozado; entran los green-keepers, los directores, los presidentes, las señoras de los presidentes, las amantes del secretario… y todos diseñan”.
“Hago cosas que otros quizás no se atreven, dejo en juego árboles o cualquier particularidad que encuentro en el terreno. Peter Dobereiner (periodista inglés de los más afamados, escribía en The Observer) me llamaba el Picasso del golf, y también me han llamado el Gaudí, pero a mí me da igual, que digan lo que quieran y que disfruten. He diseñado dos campos de 19 hoyos, ¿y por qué no? Es bueno que haya una especie de vivero de greenes, una reserva, a veces no son conscientes de lo necesario que puede llegar a ser”.
“Los campos hay que sentirlos, el ambiente de un campo es algo que sientes y no puedes definir: cocoteros en Cuba, olivos en España, brezo en Escocia, árboles del té en Australia, sauces en Sudáfrica, laguitos con chorritos cursis en Estados Unidos… El rough tiene mucha importancia y, desgraciadamente, en España no se le da, el rough es la personalidad del campo. La belleza es todo lo que rodea el campo, la profundidad del sentimiento, la diferencia entre un campo-parque (¡hay parques y parques!) a un links o un entorno natural. Cojo un papel, una servilleta o lo que pillo y pongo una idea, una frase, un sentimiento que madurará; pienso en todo tipo de posibilidades, con sol, nublado, con lluvia… Una vez hecho el movimiento de tierras, cojo la Polaroid, hago fotos y coloco encima las transparencias, así es como yo diseño”.
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